El Tlaxcala que nos espera / Opinión
La pandemia, la economía, las elecciones, y la delincuencia son situaciones que en corto plazo estaremos considerando en la toma de decisiones para 2021.
Nuestro estado tiene retos muy grandes por enfrentar, independientemente de los recortes presupuestales del gobierno federal, el rezago económico no se ha superado, solo basta con observar el número de personas que han decidido dedicarse a la solicitar caridad o apoyo en los semáforos de las ciudades de Tlaxcala, hay avances significativos en esta etapa de Marco Mena, sin embargo estamos lejos de por lo menos tener un desarrollo comparable a los estados vecinos.
Es verdad que el estado no tiene deuda, y que su crecimiento económico fué el mayor en este periodo de gobierno, pero al final eso no refleja una mejora tangible en los niveles de vida de los tlaxcaltecas, el hecho de que ahora se cuente con mejores carreteras, otro hospital general, un estadio renovado, becas y ayuda a los mas necesitados con el programa supérate, oxigena un poco lo impostergable, pero no detiene el deterioro social provocado por los bajísimos ingresos que tienen los hogares, incluso con profesionistas en sus miembros.
Los egresados de universidades del estado la tienen difícil, la mayoría trabaja en lo que no es su carrera, chófer de uber o pronto, quienes han logrado colocarse en algún puesto de servicio público haciendo lo que se puede, sobreviven, mas no se superan, la mayoría se ven en la necesidad de emigrar del estado a otro estado o país, ni se diga de los que no tienen estudios profesionales, su esperanza de progreso no va mas allá de despachar en un oxxo o gasolinera o de plano de policía.
Lo que significa que para comprarse un terrenito y construirse una casa tendrían que ahorrar todo su sueldo casi 30 años, sin comer, ni vestir, ni enfermarse, o endeudarse el resto de sus vidas con una casa de infonavit.
En esa situación nos encontramos con acróbatas urbanos (los que piden apoyo en los semáforos) ganan en un mal día 300 pesos y en uno bueno hasta Mil pesos, mientras que un obrero no pasa de 150, llevando a muchos a la desesperada decisión de robar con o sin violencia.
Mientras tanto nuestros diputados publican la transformación de su vida en el puesto que ostentan, ahora ya con algunos años percibiendo mas de 100 mil mensuales y otros extras legales o ilegales, ya tienen su dentadura completa y alineada, ya se peinan diario y usan ropa de marca, se placean en sus autos recientes frente al proletariado al que «bendicen» con recursos a su municipio para que le pavimenten su calle.
Ahora pretenden reelegirse para continuar su estilo de vida encendiendo aún mas la ira e indignación de quienes supuestamente representan, la realidad es que una vez que llegan a la curul solo se representan a ellos mismos dado que nuestro sistema de gobierno es así, no hay ley ni poder que a los diputados les exija resultados, transparencia, responsabilidad.
Por eso ganar una diputación es literalmente sacarse la lotería, si eres diputado puedes asistir cuando quieras a las sesiones, presentar o no iniciativas, etiquetar recursos sin normas ni auditorias, y además pararte el cuello con recurso que no es tu bolsa pero sirve de promoción para aspirar a otro hueso.
¿Entienden porque los candidatos son capaces de vender su alma al diablo con tal de ganar?, y eso no va a cambiar en estas elecciones, a no ser que ese precipicio entre diputados y ciudadanos se cierre con alguna propuesta que exija a los legisladores publicar su trabajo para ser evaluado por sus patrones, el pueblo.
Fué un chiste jeje, la democracia donde el pueblo es quién toma las decisiones es una utopía, y menos en México, particularmente en Tlaxcala es claro que quienes llegaron a ser diputados en esta legislatura solo se llenaron sus bolsillos de dinero y su boca de justificaciones, no hay ninguna transformación atribuible a ellos, se la pasaron buscando reflectores y disfrutando su dinero con y sin moches, en el confinamiento.
¿Que Tlaxcala nos aguarda?
Seguramente uno más difícil, la inseguridad crece, los empleos cada vez están peor pagados y los políticos se están formando con el mismo molde de siempre, palabrería y demagogia, (con sus contadas excepciones) y en ellos radica la posibilidad de transformar a nuestro estado en un Puebla, Hidalgo o Veracruz, dejando de ser la muñeca fea de la zona centro del país.
Sin ser malinchista, seamos realistas, la industria, la infraestructura, la economía de Tlaxcala está a años luz de compararse con nuestros vecinos, ni mencionar el turismo, en lo único que podemos ser competitivos es en las vías de comunicación.
De los dos pueblos mágicos que tenemos no se hace uno, sin ir muy lejos, Chignahuapan, Zacatlán, Cuetzálan, Tepoztlán, Real del Monte por decir algunos, reciben 100 veces mas turistas, que los dos juntos, mientras ellos proyectan todo para impresionar y atender al turismo con infraestructura y servicios de calidad, aquí se la pasan nombrando al pan con helado patrimonio cultural y no se que tanta jalada.
Es tiempo de pensar en el Tlaxcala que deseamos para nuestros hijos, y la llave es el voto, debemos tomar cartas en el asunto y evaluar a conciencia a quién le confiaremos el rumbo de nuestra tierra.
Observamos candidatos y políticos eternos con su ya conocido desempeño en diferentes puestos, partidos vividores del erario que solo aspiran a ser parásitos con alianzas, pero también hay gente muy capaz que aunque no tienen experiencia política, tienen honestidad, juventud, trabajo en la iniciativa privada donde si no trabajas no comes, nada de llegar tarde, ni quedar mal, o pagar cuando estés de buenas, su formación es en el ámbito de competencia por capacidad y no pertenecen a la «Clase política» de las familias de gobernantes tradicionales y cínicas de Tlaxcala.
Hasta aquí mi reporte Joaquín…
