Encuestas: El negocio de la mentira
Víctor Antonio Rodríguez Carrasco
Son contadas las casas encuestadoras que han acertado sus predicciones en México, en sus diferentes variantes : sondeos, muestreos, conteos Etc. No reflejan la realidad, por principio de cuentas porque a la población le molesta ser encuestada, perder minutos de tiempo para dar información por la que alguien cobra.
Ya sean llamadas telefónicas, encuestas presenciales o vía internet en redes sociales, la metodología es la misma: realizan dos o tres preguntas simples y una (que generalmente es la que le interesa al contratante) de interés, que casi siempre es: ¿Si hoy fueran las elecciones por quién votaría?
Esta situación tiene cansada a la población, ya no quieren perder su tiempo respondiendo llamadas, cuestionarios en centros comerciales o redes sociales, por ello cada vez son menores los muestreos que realizan las encuestadoras, tratan de cumplirle al cliente haciéndole creer que se representa la mayoría de opiniones.
Los muestreos aún tienen un factor de riesgo de veracidad en las respuestas, no a todas las personas les agrada revelar su preferencia electoral, además pueden cambiar de opinión rápidamente, por ello la credibilidad de una encuesta depende mucho de la cantidad de personas encuestadas de forma verídica.
¿Cómo se puede comprobar que efectivamente el número de personas encuestadas es el que asegura la encuestadora? No hay forma ni ley que les obligue a demostrarlo.
Las encuestas son utilizadas como método publicitario de quién las contrata, son hechas a modo obviamente para publicarlas e influenciar mediáticamente en la opinión pública.
Los costos son altos pero los pagan los aspirantes que generalmente reciben dos versiones la «verdadera» y la que se puede utilizar para publicar.
Las falsas encuestas y las falsas noticias desembocan en el mismo océano, el de las mentiras. Por consiguiente, las falsas encuestas merecen ser equiparadas con las falsas noticias.
Las falsas encuestas deben ser medidas con la misma vara con que se miden las falsas noticias, debido a su evidente y común intención de presentar los hechos objetivos de forma distorsionada, a efectos —insisto— de modelar las conductas sociales y la opinión pública.
